Eksamen: FSP6222 | Semester: Vår 2023 | Varighet: 5 timer
Vekting: Lesing ca. 25 % | Skriving ca. 75 %
Querida familia Rodríguez:
Quiero agradeceros de todo corazón las tres semanas que pasé en vuestra casa. Fue una experiencia inolvidable que me ha cambiado la vida.
Lo que más me gustó fue aprender a cocinar paella con Carmen y las tardes en la playa con Pablo. También mejoré muchísimo mi español gracias a vuestras conversaciones durante la cena.
Os echo mucho de menos y espero volver a visitaros pronto. ¡Mi casa en Noruega siempre estará abierta para vosotros!
Con mucho cariño,
Nora
A primera vista, Noruega y España parecen dos países muy diferentes: el clima, los horarios y las costumbres son distintos. Sin embargo, después de estudiar español durante cuatro años, he descubierto que también tenemos mucho en común.
La diferencia más evidente es el estilo de vida. Los españoles viven más en la calle, socializan en bares y plazas, y cenan tarde. En Noruega, pasamos más tiempo en casa y la vida social es más íntima. Culturalmente, los noruegos valoramos la naturaleza y el «friluftsliv», mientras que los españoles disfrutan más de la vida urbana.
No obstante, ambas culturas comparten valores fundamentales: la importancia de la familia, el compromiso con la educación y el respeto por la democracia. Además, tanto noruegos como españoles disfrutamos de una buena comida con amigos, aunque con horarios muy diferentes.
Estas diferencias no nos separan, sino que nos enriquecen. Aprender español me ha permitido entender otra forma de vivir.
Era una tarde lluviosa de noviembre cuando decidí entrar en aquella librería antigua del centro de Salamanca. No buscaba nada en particular, solo refugiarme de la lluvia y perder el tiempo entre libros viejos.
Mientras miraba las estanterías, un libro cayó al suelo. Lo recogí y vi que era un diario escrito a mano, con una caligrafía elegante y antigua. En la primera página ponía: «Para quien encuentre estas palabras, que sepa que la vida es más corta de lo que cree.»
Intrigada, empecé a leer. El diario pertenecía a una mujer llamada Isabel, que había vivido en Salamanca durante la Guerra Civil española. Contaba historias de amor, de pérdida y de esperanza en tiempos difíciles. Sus palabras eran tan vivas que sentía como si estuviera hablando directamente conmigo.
«¿Le interesa ese libro?» Una voz suave me sacó de mi lectura. Era una señora mayor, con ojos brillantes y una sonrisa amable.
«Es fascinante», respondí. «¿Sabe quién era Isabel?»
La mujer sonrió y dijo: «Era mi abuela. Ese diario debería haberse vendido hace años, pero siempre volvía a esta estantería, como si esperara al lector adecuado.»
Me regaló el diario. Lo leí entero aquella misma noche en mi habitación de la residencia. Aquella tarde aprendí que los libros no solo nos encuentran a nosotros – a veces son ellos los que nos eligen.